Lo que nos separa años luz
es que en esta vida
si volviera a nacer
elegiría cada una de las decisiones que tomé.
Lo dí todo,
con el alma,
mi tiempo,
mi confianza,
invertí energía,
partes de mí, que nunca compartí con nadie.
Y aún así,
quedó al descubierto la verdad.
Ahí están,
con tanto de mí
que aveces ya no sé, qué me quedó.
Y acá estoy,
en los restos,
cansada, rogándole al silencio,
aunque sea una gota,
algo que me devuelva,
lo que sin medida di.
Reconocer,
ver y descubrir
que para otras personas
siempre fui apenas algo de paso,
un recorrido breve,
el fin de una ilusión
que culminó su ciclo temporal.
Por eso me voy.
No porque hayan dejado de apreciar
lo que alguna vez ofrecí
sino porque seguir así me agota
y me está vaciando lentamente.
Y aunque la retirada
enfríe progresivamente un poco más,
la tristeza es más leve
que seguir luchando por un lugar
en donde nunca hubo espacio para mí.
Sé que el cariño no se mendiga,
menos donde uno no es prioridad.
Pero confieso que alguna vez me pensé
con ser imprescindible,
que la ausencia mía dolería,
que me abrazarían fuerte
por miedo a perderme.
Y quizás eso sea lo que más molesta,
aceptar la indiferencia
mirar de frente la realidad,
comprender que lo que parecía una perdida
era en verdad, una profunda revelación,
que al mismo tiempo fue liberada.
Porque no perdí nada,
recuperé la paz mental,
el valor de lo que realmente importa
Encontré la mas difícil y hermosa
de las victorias silenciosas.
PD.: No esperar respuestas es un acto de resignación, de aceptar el vacío que sigue al eco de una pregunta no escuchada. Por ej: lanzar una piedra al agua y ver cómo las ondas se disipan en la inmensidad, sabiendo que no hay retorno y el eco no la devolverá. La respuesta nunca va a llegar, porque el espacio que hay entre el deseo de ser escuchado y el silencio de la indiferencia es enorme, ni las palabras más urgentes lo pueden traspasar. El poema habla de una forma de liberación a la otra persona de la carga de una expectativa, de reconocer que el cariño, o la espera no siempre tienen correspondencia. No esperar respuestas, protege de encontrarse con la propia vulnerabilidad sin depender de la validación ajena. Es una liberación, pero también es una herida, porque se abandona la esperanza de lo que pudo ser, aceptando que el silencio es, a veces, la única respuesta.
Abrazos.


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