Nubes oscuras pasan sobre mí.
Las miro arriba de mi cabeza
me impulsan a dejar todo lo que estoy haciendo
para unirme al único deseo,
honrar la vida que late desde el viento al suelo.
Que el hogar que heredamos,
no sea solo un paisaje
porque son latidos, vidas, almas,
propósitos, conexión genuina y amor.
El valor del agua cristalina que fluye,
para los niños, que son manantiales de luz y pureza
y quieren correr felices por verdes praderas
trepar arboles y bañarse en playas de esperanza.
Navegar en barcos de ternura,
valientes capitanes jugando
sobre mares de libertad.
Debemos cuidar el mundo por ellos
que no respiren aire contaminado y venenoso
apagar todo el exceso de hoy
de fábricas, derrames de petróleo,
incendios forestales, tecnologías dañinas
y las guerras.
De pronto, con mis ojos hacia el cielo
prometí que todo el gran esfuerzo será posible
reflejando un entorno siempre cuidado
con el ejemplo, luz poderosa y eterna
un semblante de generosidad.
Unidad plena en la difícil tarea de sanar
de reparar cada hendidura,
poner fin al desinterés y practicar la empatía
para no desviar la mirada a la realidad desprotegida
que termina en destrucción, crueldad,
ambición de poder y los odios más absolutistas.
Respiremos paz y el retorno a la hermandad.
De nosotros depende acercarnos y conectar.
Que las nubes sean blancas y no grises,
que el tesoro cristalino sea mas puro que el oro,
que sembrar nos de frutos que superen los que tomamos
para seguir volando y protegiendo el firmamento,
y que el sol nos despierte mas alma y conciencia
en el dulce progreso sostenible global.